El «góðan daginn» (buenos días) es una experiencia que depende de la danza de las estaciones y los elementos.
En Reikiavik, Islandia, en pleno verano, el saludo matutino puede llegar a las 3 AM bañado por la luz mágica del sol de medianoche, tiñendo de dorado las coloridas casitas del centro y la futurista silueta de la iglesia Hallgrímskirkja. En invierno, el «buenos días» se pronuncia bajo un cielo azul oscuro, esperando que las últimas luces de la aurora boreal se despidan antes del breve amanecer.
Independientemente de la época, el aroma del día que comienza en la capital islandesa es inconfundible.
Es el olor a aire puro, casi eléctrico, proveniente del océano Atlántico y las montañas cercanas, mezclado con el perfume reconfortante del pan de centeno recién horneado (rúgbrauð). El desayuno típico es fuerte, a base de skyr (un lácteo similar al yogur), avena y pescado ahumado, preparando el cuerpo para la aventura.
Decir «buenos días» en Reikiavik es sinónimo de potencial y naturaleza.
Es tomar un café en el puerto viejo viendo a los barcos pesqueros zarpar, o planificar una excursión a los campos de lava, las cascadas o las lagunas geotermales que rodean la ciudad. La energía geotermal que calienta las casas también se siente en el ambiente: es una ciudad tranquila pero vibrante, donde la modernidad nórdica se funde con un paisaje primordial. Reikiavik no te despierta, te conecta con la fuerza cruda y hermosa del planeta desde el primer momento del día.



