El «guten Morgen»
En Viena, es un acto de elegancia y tradición que huele a café tostado, pastel de manzana y papel de periódico. La capital austriaca despierta con una cadencia imperial, donde el día comienza con uno de sus rituales más sagrados: la visita al Kaffeehaus. Estos cafés históricos, con sus mesas de mármol, sus sillas Thonet y sus lámparas de araña, son el corazón palpitante del desayuno vienés.
Decir «buenos días»
Aquí es sentarse y pedir un Melange (el capuchino local) junto a un Wiener Frühstück (desayuno vienés), mientras se hojea la prensa internacional colgada en un atril de madera. El ambiente es de tranquila contemplación; es un lugar para leer, escribir, pensar o simplemente observar el mundo pasar desde la ventana. Fuera, la ciudad se activa con el suave tranvía que cruza la Ringstrasse, los estudiantes que se dirigen a la universidad y los primeros turistas que admiran la Ópera Estatal.
El saludo matutino en Viena también puede tener banda sonora.
A menudo, el primer «buenos días» lo recibe el músico que afina su violín para un ensayo o el visitante que pasea temprano por los jardines del Palacio de Schönbrunn, con el sonido de los pájaros como única melodía. Es una mañana para la cultura y la calma, para preparar un día de visitas a palacios, museos de arte clásico y paseos por el Danubio. Viena te enseña que un buen día comienza con lentitud deliberada, buen gusto y una taza de café perfecta.



