Tbilisi, la capital de Georgia, es una ciudad donde Oriente y Occidente se dan la mano. El sol ilumina las cúpulas de las iglesias ortodoxas y el río Mtkvari atraviesa el valle. Decir «buenos días» en Tbilisi es escuchar el eco de siglos de historia, mientras el aroma a pan recién horneado y café invade las calles.
La mañana empieza en la Plaza de la Libertad y la Avenida Rustaveli, flanqueada por edificios neoclásicos y museos. Cruza el río hacia la Iglesia de Metekhi, situada sobre un acantilado, desde donde tendrás la mejor vista panorámica de la ciudad. Luego, piérdete por las calles empedradas del casco antiguo, con sus casas de madera con balcones tallados y patios escondidos.
Una experiencia imprescindible: los baños sulfurosos del barrio de Abanotubani. Sumergirte en sus aguas termales es un ritual que los locales practican desde hace siglos. Después, visita el bazar de Meidan para comprar artesanías y especias.
Para comer, prueba el khachapuri (pan relleno de queso) y el khinkali (empanadillas de carne). Y no te vayas sin brindar con un vaso de vino georgiano, la cuna de la viticultura mundial. Por la tarde, sube en teleférico hasta la estatua de la Madre de Georgia y contempla la ciudad desde las alturas.
Tbilisi es una ciudad que sorprende, que abraza y que invita a quedarse.





