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San Valentín italiano fuera de las escapadas tradicionales en Gorizia

Hay un tipo de viaje que encaja mejor con San Valentín que cualquier gran icono saturado: el que se hace despacio, a escala humana, y deja espacio para conversar. Gorizia —ciudad italiana de frontera, en la región de Friuli Venezia Giulia— pertenece a esa categoría. No presume, no compite con Venecia ni con Verona. Y, sin embargo, cuando uno llega entiende que aquí el romanticismo no se compra: se atraviesa. A veces literalmente.

Gorizia está en el extremo nordeste de Italia, en la provincia homónima, sobre el río Isonzo (Soča en esloveno), muy cerca de Trieste y pegada a la vecina Nova Gorica, ya en Eslovenia. Ese dato geográfico no es un detalle: marca el carácter de la ciudad. Gorizia fue, durante siglos, una puerta hacia Centroeuropa; y, en el siglo XX, una cicatriz visible de Europa.

Gorizia - Massimo Crivellari
Gorizia – Massimo Crivellari

Breve historia de Gorizia para entender el paisaje

La Gorizia de hoy se asienta a los pies de su castillo, en una colina que ordena la mirada y da sentido a la ciudad. El castillo se remonta a la Edad Media —se documenta su origen en torno al siglo XI— y sigue siendo el gran mirador emocional del lugar: desde arriba, el mosaico de tejados y jardines se abre hacia las colinas del Collio, territorio de viñedos y luz suave, también fronterizo.

La historia local es la de una ciudad bisagra: condado medieval, etapa austríaca y un legado centroeuropeo que se percibe en su urbanismo y en cierta elegancia contenida. Gorizia fue durante siglos un espacio mestizo —friulano, esloveno, alemán— antes de que el siglo XX impusiera líneas rígidas.

El paisaje acompaña ese relato: no es el dramatismo alpino, sino una frontera amable de colinas y ríos, una transición que en Friuli se expresa con vino blanco, caminos entre viñas y la sensación de estar siempre “al borde de algo”. El Collio, con Cormons como uno de sus centros, es precisamente eso: una geografía de pendiente corta, bodegas y pueblos que invitan a detenerse.

Gorizia - Sant'Ignazio Church - Luigi Vitale
Gorizia – Sant’Ignazio Church – Luigi Vitale

El muro de la Piazza Transalpina: una herida del siglo XX

Si hay un lugar que explica Gorizia sin necesidad de museo, es la Piazza Transalpina —también llamada Trg Evrope, Europe Square—, una plaza partida por la historia. Desde 1947, tras la redefinición fronteriza de posguerra, una línea internacional cruzó este espacio entre Italia y la entonces Yugoslavia, separando Gorizia de lo que acabaría siendo Nova Gorica.

Durante décadas, la plaza no fue un simple punto de paso: fue un recordatorio cotidiano. Allí se levantó una barrera —con tramos de cerramiento y vigilancia— que dividía lo que antes había sido continuidad urbana. Los relatos de frontera no son abstractos: son familias con habitaciones en un lado y cocina en el otro; son calles cortadas; son estaciones que dejan de ser centro para convertirse en borde.

La caída del muro, en 2004, devuelve su dignidad a Gorizia. Coincidió con la entrada de Eslovenia en la Unión Europea: el cerco se desmontó y la plaza empezó a respirarse de nuevo como un lugar compartido. La integración se completó con el paso al espacio Schengen (2007), cuando la libre circulación dejó de ser una excepción y pasó a ser rutina.

Aquí conviene bajar la voz: el siglo XX fue experto en fabricar muros para convertir al vecino en extranjero. En la Piazza Transalpina, esa inercia tuvo textura real —valla, control, límite— y por eso emociona ver, hoy, cómo la gente cruza con naturalidad. No es la euforia de un gran monumento; es una reconciliación doméstica, cotidiana, casi obstinada. Para una escapada de San Valentín, ese gesto tiene una belleza adulta: la de quienes saben que la unión no es un eslogan, sino un trabajo paciente.

Qué ver en Gorizia: una ciudad para caminarla

1) Castello di Gorizia y Borgo Castello
Empieza arriba. El castillo es el origen y el mejor prólogo: panorama sobre la ciudad y el territorio, y esa sensación de estar en una colina que ha visto demasiados cambios de bandera sin perder su dignidad. El Borgo Castello conserva el aire de núcleo histórico en altura, perfecto para un paseo lento antes de volver al llano.

Castello di Gorizia - Marco Milani
Castello di Gorizia – Marco Milani

2) La Piazza Transalpina / Trg Evrope
No es “bonita” en el sentido obvio; es significativa. Busca la marca del antiguo límite y observa cómo la plaza sigue siendo estación, frontera y puente a la vez. Su historia está unida a la propia infraestructura ferroviaria y al redibujo del mapa europeo tras 1947.

3) DAG – Digital Art Gallery en el túnel Bombi (antigua Galleria Bombi)
Gorizia, contra pronóstico, guarda uno de los espacios culturales más singulares del momento. El antiguo túnel Bombi —que fue refugio antiaéreo y más tarde pasaje entre Gorizia y Nova Gorica— se ha reconvertido en la DAG (Digital Art Gallery).
La inauguración llega con una obra de Refik Anadol, titulada Data Tunnel: una instalación inmersiva guiada por inteligencia artificial sobre una pared LED curva de gran formato (1.000 m²) y casi 100 metros de desarrollo, concebida como legado permanente del proyecto cultural transfronterizo. La galería acaba de ser inaugurada, el 16 de diciembre de 2025.
Más allá del impacto tecnológico, el lugar tiene una ironía preciosa: un espacio de guerra y separación convertido en una experiencia abierta al público, dedicada a la naturaleza y a los datos del planeta.

Alrededores: Collio, Cormons y la serenidad del vino

En una escapada romántica, los alrededores importan tanto como la ciudad. Gorizia se entiende mejor cuando uno sube a las colinas del Collio Goriziano, donde el paisaje se hace vitivinícola, ondulado y luminoso.

Cormons ofrece el mejor escaparate entre viñedos: es uno de los centros del Collio, un lugar pensado para degustar, comprar botellas y sentarse en una enoteca con calma, sin prisas. En San Valentín, el plan se escribe solo: una ruta corta por bodegas, una mesa bien puesta, y el regreso a Gorizia al atardecer, cuando la frontera deja de ser idea y vuelve a ser paisaje.

Sobre Collio, “Collo”, se habla como microregión de colinas vitivinícolas a ambos lados de la frontera italo-eslovena, una continuidad geográfica y cultural que hoy se recorre sin la rigidez de otras épocas.

Collio - Luigi Vitale
Collio – Luigi Vitale

Oslavia y los bancos naranjas: mirar sentado

A pocos minutos, Oslavia (Oslavje) ofrece una idea sencilla y muy contemporánea del viaje: un recorrido de bancos naranjas colocados como miradores en el territorio, invitando a sentarse y observar. La propia oficina de turismo regional describe el itinerario como el “Percorso delle Panchine Arancioni di Oslavia”, con puntos señalados para llegar y caminarlo.
La iniciativa se vincula al paisaje del vino y a productores locales, con bancos asociados a bodegas y vistas sobre colinas.

En clave romántica, esto funciona porque es lo contrario al consumo rápido: sentarse es aceptar el tiempo del otro. Un banco naranja, en una frontera que aprendió a levantar muros, es una declaración de intenciones: aquí se viene a mirar, a respirar y a quedarse un poco más.

Un final de San Valentín con sentido en Gorizia

Gorizia no compite por el cliché. Su encanto es otro: el de una ciudad que ha vivido la historia en primera línea y, aun así, hoy se permite la normalidad. El paseo por la Piazza Transalpina no se olvida porque no es “una plaza más”: es una lección práctica de Europa. Y el contraste con el túnel Bombi convertido en galería digital —de refugio a espacio de arte— resume una idea valiosa para viajar en pareja: lo importante no es evitar las heridas del pasado, sino aprender a atravesarlas juntos.

Conexiones aéreas entre España y Friuli Venezia Giulia

Actualmente Ryanair tiene 3 vuelos directos desde Barcelona, Sevilla y Valencia a Trieste, y desde allí en 20 minutos (coche o bus) estamos en Gorizia o 40 minutos si recurrimos al tren.

Desde Madrid son numerosas las aerolíneas con varios vuelos diarios a Venecia las que nos dejan a tan solo hora y media de Gorizia por carretera.

Más información en: Italia.it

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San Valentín italiano fuera de las escapadas tradicionales en Gorizia

Hay un tipo de viaje que encaja mejor con San Valentín que cualquier gran icono saturado: el que se hace despacio, a escala humana, y deja espacio para conversar. Gorizia —ciudad italiana de frontera, en la región de Friuli Venezia Giulia— pertenece a esa categoría. No presume, no compite con Venecia ni con Verona. Y, sin embargo, cuando uno llega entiende que aquí el romanticismo no se compra: se atraviesa. A veces literalmente.

Gorizia está en el extremo nordeste de Italia, en la provincia homónima, sobre el río Isonzo (Soča en esloveno), muy cerca de Trieste y pegada a la vecina Nova Gorica, ya en Eslovenia. Ese dato geográfico no es un detalle: marca el carácter de la ciudad. Gorizia fue, durante siglos, una puerta hacia Centroeuropa; y, en el siglo XX, una cicatriz visible de Europa.

Gorizia - Massimo Crivellari
Gorizia – Massimo Crivellari

Breve historia de Gorizia para entender el paisaje

La Gorizia de hoy se asienta a los pies de su castillo, en una colina que ordena la mirada y da sentido a la ciudad. El castillo se remonta a la Edad Media —se documenta su origen en torno al siglo XI— y sigue siendo el gran mirador emocional del lugar: desde arriba, el mosaico de tejados y jardines se abre hacia las colinas del Collio, territorio de viñedos y luz suave, también fronterizo.

La historia local es la de una ciudad bisagra: condado medieval, etapa austríaca y un legado centroeuropeo que se percibe en su urbanismo y en cierta elegancia contenida. Gorizia fue durante siglos un espacio mestizo —friulano, esloveno, alemán— antes de que el siglo XX impusiera líneas rígidas.

El paisaje acompaña ese relato: no es el dramatismo alpino, sino una frontera amable de colinas y ríos, una transición que en Friuli se expresa con vino blanco, caminos entre viñas y la sensación de estar siempre “al borde de algo”. El Collio, con Cormons como uno de sus centros, es precisamente eso: una geografía de pendiente corta, bodegas y pueblos que invitan a detenerse.

Gorizia - Sant'Ignazio Church - Luigi Vitale
Gorizia – Sant’Ignazio Church – Luigi Vitale

El muro de la Piazza Transalpina: una herida del siglo XX

Si hay un lugar que explica Gorizia sin necesidad de museo, es la Piazza Transalpina —también llamada Trg Evrope, Europe Square—, una plaza partida por la historia. Desde 1947, tras la redefinición fronteriza de posguerra, una línea internacional cruzó este espacio entre Italia y la entonces Yugoslavia, separando Gorizia de lo que acabaría siendo Nova Gorica.

Durante décadas, la plaza no fue un simple punto de paso: fue un recordatorio cotidiano. Allí se levantó una barrera —con tramos de cerramiento y vigilancia— que dividía lo que antes había sido continuidad urbana. Los relatos de frontera no son abstractos: son familias con habitaciones en un lado y cocina en el otro; son calles cortadas; son estaciones que dejan de ser centro para convertirse en borde.

La caída del muro, en 2004, devuelve su dignidad a Gorizia. Coincidió con la entrada de Eslovenia en la Unión Europea: el cerco se desmontó y la plaza empezó a respirarse de nuevo como un lugar compartido. La integración se completó con el paso al espacio Schengen (2007), cuando la libre circulación dejó de ser una excepción y pasó a ser rutina.

Aquí conviene bajar la voz: el siglo XX fue experto en fabricar muros para convertir al vecino en extranjero. En la Piazza Transalpina, esa inercia tuvo textura real —valla, control, límite— y por eso emociona ver, hoy, cómo la gente cruza con naturalidad. No es la euforia de un gran monumento; es una reconciliación doméstica, cotidiana, casi obstinada. Para una escapada de San Valentín, ese gesto tiene una belleza adulta: la de quienes saben que la unión no es un eslogan, sino un trabajo paciente.

Qué ver en Gorizia: una ciudad para caminarla

1) Castello di Gorizia y Borgo Castello
Empieza arriba. El castillo es el origen y el mejor prólogo: panorama sobre la ciudad y el territorio, y esa sensación de estar en una colina que ha visto demasiados cambios de bandera sin perder su dignidad. El Borgo Castello conserva el aire de núcleo histórico en altura, perfecto para un paseo lento antes de volver al llano.

Castello di Gorizia - Marco Milani
Castello di Gorizia – Marco Milani

2) La Piazza Transalpina / Trg Evrope
No es “bonita” en el sentido obvio; es significativa. Busca la marca del antiguo límite y observa cómo la plaza sigue siendo estación, frontera y puente a la vez. Su historia está unida a la propia infraestructura ferroviaria y al redibujo del mapa europeo tras 1947.

3) DAG – Digital Art Gallery en el túnel Bombi (antigua Galleria Bombi)
Gorizia, contra pronóstico, guarda uno de los espacios culturales más singulares del momento. El antiguo túnel Bombi —que fue refugio antiaéreo y más tarde pasaje entre Gorizia y Nova Gorica— se ha reconvertido en la DAG (Digital Art Gallery).
La inauguración llega con una obra de Refik Anadol, titulada Data Tunnel: una instalación inmersiva guiada por inteligencia artificial sobre una pared LED curva de gran formato (1.000 m²) y casi 100 metros de desarrollo, concebida como legado permanente del proyecto cultural transfronterizo. La galería acaba de ser inaugurada, el 16 de diciembre de 2025.
Más allá del impacto tecnológico, el lugar tiene una ironía preciosa: un espacio de guerra y separación convertido en una experiencia abierta al público, dedicada a la naturaleza y a los datos del planeta.

Alrededores: Collio, Cormons y la serenidad del vino

En una escapada romántica, los alrededores importan tanto como la ciudad. Gorizia se entiende mejor cuando uno sube a las colinas del Collio Goriziano, donde el paisaje se hace vitivinícola, ondulado y luminoso.

Cormons ofrece el mejor escaparate entre viñedos: es uno de los centros del Collio, un lugar pensado para degustar, comprar botellas y sentarse en una enoteca con calma, sin prisas. En San Valentín, el plan se escribe solo: una ruta corta por bodegas, una mesa bien puesta, y el regreso a Gorizia al atardecer, cuando la frontera deja de ser idea y vuelve a ser paisaje.

Sobre Collio, “Collo”, se habla como microregión de colinas vitivinícolas a ambos lados de la frontera italo-eslovena, una continuidad geográfica y cultural que hoy se recorre sin la rigidez de otras épocas.

Collio - Luigi Vitale
Collio – Luigi Vitale

Oslavia y los bancos naranjas: mirar sentado

A pocos minutos, Oslavia (Oslavje) ofrece una idea sencilla y muy contemporánea del viaje: un recorrido de bancos naranjas colocados como miradores en el territorio, invitando a sentarse y observar. La propia oficina de turismo regional describe el itinerario como el “Percorso delle Panchine Arancioni di Oslavia”, con puntos señalados para llegar y caminarlo.
La iniciativa se vincula al paisaje del vino y a productores locales, con bancos asociados a bodegas y vistas sobre colinas.

En clave romántica, esto funciona porque es lo contrario al consumo rápido: sentarse es aceptar el tiempo del otro. Un banco naranja, en una frontera que aprendió a levantar muros, es una declaración de intenciones: aquí se viene a mirar, a respirar y a quedarse un poco más.

Un final de San Valentín con sentido en Gorizia

Gorizia no compite por el cliché. Su encanto es otro: el de una ciudad que ha vivido la historia en primera línea y, aun así, hoy se permite la normalidad. El paseo por la Piazza Transalpina no se olvida porque no es “una plaza más”: es una lección práctica de Europa. Y el contraste con el túnel Bombi convertido en galería digital —de refugio a espacio de arte— resume una idea valiosa para viajar en pareja: lo importante no es evitar las heridas del pasado, sino aprender a atravesarlas juntos.

Conexiones aéreas entre España y Friuli Venezia Giulia

Actualmente Ryanair tiene 3 vuelos directos desde Barcelona, Sevilla y Valencia a Trieste, y desde allí en 20 minutos (coche o bus) estamos en Gorizia o 40 minutos si recurrimos al tren.

Desde Madrid son numerosas las aerolíneas con varios vuelos diarios a Venecia las que nos dejan a tan solo hora y media de Gorizia por carretera.

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