Sibiu, en el corazón de Transilvania (Rumanía), es una de esas ciudades de la Unión Europea que aún guardan su esencia intacta. Conocida como “la ciudad donde las casas no duermen”, su casco antiguo de edificios pastel y plazas barrocas invita a un amanecer sin prisas. Fundada en el siglo XII por colonos sajones, Sibiu respira un aire germánico que se mezcla con lo rumano en cada esquina.
La mañana comienza en la Piața Mare (Plaza Grande), el corazón de la ciudad. Allí, el Palacio Brukenthal y la Casa Artelor destacan con sus fachadas barrocas. Pero lo que realmente sorprende son los Ochii Sibiului: las ventanas de los tejados que parecen ojos que te observan. Un detalle arquitectónico único que dio a Sibiu el apodo de “la ciudad de los ojos”.
Para desayunar como un local, nada mejor que un covrig (un panecillo trenzado) recién horneado y un café en alguna de las terrazas de la Piața Mică (Plaza Pequeña). Después, un paseo por el Puente de las Mentiras, el único puente de hierro forjado de Rumanía, que según la leyenda castiga a los mentirosos que lo cruzan.
La Catedral Luterana de Santa María, con su imponente torre, ofrece una vista panorámica de los tejados de la ciudad. Y para los amantes de la historia, el Museo de Historia en la Torre del Consejo reconstruye el pasado medieval de Sibiu.
La gastronomía local es contundente: prueba el sarmale (rollos de col rellenos) o el salam de Sibiu, un embutido con más de 160 años de tradición. Y si el tiempo lo permite, una excursión a la cercana iglesia fortificada de Cisnădioara completa una mañana inolvidable.
Sibiu es una ciudad que abraza sin estridencias, que invita a perderse por sus callejones y a mirar hacia arriba.





