Frente a las Amoreiras y a poca distancia de Marquês de Pombal y la Avenida da Liberdade, el Dom Pedro Lisboa propone una forma cómoda y elegante de alojarse en la capital portuguesa. Sus vistas, el amplio Spa Aquae y una oferta gastronómica en la que destaca el italiano Il Gattopardo completan la propuesta de este cinco estrellas lisboeta.
Lisboa es una ciudad que se disfruta mejor sin prisas. Hay que caminarla, subir y bajar sus calles, detenerse en un mirador y dejar algún momento libre para que sea la propia ciudad la que decida el rumbo. Pero también se agradece regresar, después de una jornada entre Alfama, Chiado o la Baixa, a un hotel donde el espacio y la tranquilidad compensen las horas de adoquines y cuestas.
El Dom Pedro Lisboa ocupa una posición interesante para ello. Está situado en la Avenida Engenheiro Duarte Pacheco, frente al centro comercial Amoreiras y próximo a Marquês de Pombal y la Avenida da Liberdade. No se encuentra, por tanto, en mitad de las calles más turísticas del centro histórico, sino ligeramente apartado de ellas y bien situado para moverse por la ciudad. El aeropuerto de Lisboa queda a unos siete kilómetros.
Es un hotel de cinco estrellas y 263 habitaciones, de dimensiones considerables para un establecimiento urbano. Su altura juega además a su favor: desde las plantas superiores aparecen amplias panorámicas de Lisboa, con el Tajo y el castillo de São Jorge formando parte del horizonte.
Dormir mirando la ciudad
Las habitaciones mantienen una línea clásica, alejada de esa tendencia a convertir cada nuevo hotel en un ejercicio de diseño. Aquí se apuesta por espacios amplios y una elegancia más tradicional.
Las habitaciones Classic tienen 30 metros cuadrados, una superficie generosa para Lisboa. En las plantas superiores se encuentran las habitaciones Tower, también de 30 metros cuadrados y con mejores perspectivas sobre la ciudad, además de acceso al Spa Aquae y al VIP Lounge.
Un escalón por encima están las ocho suites, situadas en la planta 20. Rondan los 57 metros cuadrados y disponen de salón independiente, dormitorio y vestidor. En lo más alto se encuentra la Suite Presidencial, que ocupa la última planta y ofrece una panorámica de 360 grados sobre Lisboa y el Tajo.
Es precisamente la vista uno de los argumentos que diferencian al Dom Pedro. Lisboa es una ciudad de tejados, colinas y perspectivas inesperadas y contemplarla desde arriba ayuda a comprender esa geografía irregular que, a pie de calle, obliga tantas veces a mirar hacia lo alto.
Un spa para detener el reloj
Otro de los espacios importantes del hotel es el Spa Aquae. Cuenta con piscina interior climatizada con cromoterapia, jacuzzi, sauna, baño turco, gimnasio y salas destinadas a masajes y tratamientos.
No es un detalle menor en un hotel urbano. Después de pasar el día recorriendo Lisboa, disponer de una piscina cubierta y una zona de bienestar cambia considerablemente la manera de terminar la jornada. El hotel establece además horarios específicos para que los menores de doce años puedan utilizar la piscina acompañados por adultos.
Portugal e Italia alrededor de la mesa
La gastronomía se reparte principalmente entre dos espacios con personalidades diferentes. Bistrot Le Café se ocupa del desayuno y ofrece también cocina tradicional portuguesa, mientras que Il Gattopardo lleva la propuesta hacia Italia.
Il Gattopardo es la opción más singular. Su carta mantiene una identidad claramente italiana y permite que el hotel tenga una propuesta gastronómica propia más allá del servicio necesario para sus huéspedes.
Para quienes prefieran permanecer en territorio portugués, Le Café ofrece una alternativa más vinculada a la cocina del país. Dos registros distintos que tienen sentido en un establecimiento que recibe tanto al viajero de ocio como al cliente de negocios.
Una Lisboa algo más tranquila
El Dom Pedro Lisboa cuenta también con una marcada orientación hacia congresos y reuniones. Dispone de 16 salas polivalentes, la mayoría con luz natural, y capacidad de hasta 400 asistentes en configuración de auditorio, además de business center y servicios específicos para grupos.
Pero sería injusto contemplarlo únicamente como un hotel de negocios. Su situación permite acercarse rápidamente a la Lisboa monumental y regresar después a una zona menos condicionada por el continuo movimiento turístico.
Desde aquí quedan relativamente próximos el Parque Eduardo VII, Marquês de Pombal y la Avenida da Liberdade, mientras que el centro histórico espera un poco más abajo. Y esa distancia puede terminar siendo una ventaja.
Porque Lisboa invita a salir, naturalmente, pero también a observarla. Desde las habitaciones más altas del Dom Pedro, cuando cae la tarde y la luz comienza a cambiar sobre los tejados hasta alcanzar el Tajo, la ciudad ofrece una perspectiva diferente. A veces, para entender Lisboa, conviene precisamente alejarse unos metros de sus calles y mirarla desde arriba.







