La visita a los LUGARES COLOMBINOS (Monasterio de la Rábida, Palos de la Frontera y Moguer ) supone el redescubrimiento de una parte de la historia de España fundamental, “el Descubrimiento  de América” de la que, si bien conocemos los hechos fundamentales, hay muchos otros que, al menos yo, desconocía. Hago mías las palabras de Washington Irving con las notas de su diario dedicadas a  los días que visito los lugares colombinos: “No puedo expresar cuales han sido mis sensaciones al caminar por la misma orilla que una vez estuviera animada por el bullicio de la partida y en cuyas arenas quedaron grabados las ultimas pisadas de Colón. La sublime y solemne naturaleza del acontecimiento que después tuvo lugar , así como las aventuras y desventuras de aquellos que participaron en el mismo, llenaban mi mente de melancólicos sentimientos.”

El Monasterio de la Rábida, perteneciente a la Orden Franciscana y fundado en 1291, (la edificación actual es de los  siglos XIV-XV), fue un lugar fundamental para Cristóbal Colón, pues allí encontró cobijo y apoyo  durante las tensas negociaciones con los Reyes Católicos para que estos sufragaran la expedición en busca de las Indias, negociaciones que duraron, nada menos, 7 años.

En los jardines de acceso al Monasterio nos reciben los monumentos a Colón y los bustos de los franciscanos Juan Pérez y Fray Antonio de Marchena junto con el monolito de piedra o “Columna de los descubridores” erigido  para conmemorar el IV Centenario del descubrimiento. Y allí también se encuentra la Sede Iberoamericana de la Rábida que permite a través de programas formativos estrechar los lazos científicos con estudiantes e investigadores del otro lado del Atlántico.

El Monasterio de la Rábida fue  declarado el Primer Monumento Histórico de los pueblos hispanos, y Tercer Monumento Nacional (1856) y Patrimonio de la Humanidad. Su iglesia, de estilo gótico-mudéjar sufrió mucho a raíz del terremoto de Lisboa de 1755, pero aún conserva un valioso artesonado y frescos originales de la época.  La Virgen de los Milagros o Santa Maria de la Rábida, del S. XIV, es  una talla de alabastro de estilo gótico manierista que, con su singular curvatura, cambia de aspecto según se varíe la perspectiva. Esta es la  primera Virgen  María coronada en España por el Papa Juan Pablo II en 1993, con motivo de la celebración del V Centenario de la Evangelización del Continente Americano. “Patrona de Palos de la Frontera y de todas las Américas”  luce en su cuello  una gargantilla con el “corazón de palos de la frontera”.  En la cripta de la Iglesia descansan los restos de Martín Alonso Pinzón, codescubridor de América y capitán de “la Pinta”.

Desde “El Claustro Alto” se divisan las rías, esteras y canales de comunicación e incluso la histórica “Isla de Saltres” de la que se dice fue capital de los pueblos Tartesos.  Y, desde la “Sala capitular” podían los monjes, a través de sus ventanas, proteger a la población, puesto que se veían los barcos que se acercaban y, en caso de peligro, se alertaba haciendo sonar las campanas de la iglesia. Hay que señalar que “Rábida” deriva de “Ribat” que significa “guarnición defendida por monjes guerreros”.

En la “Sala de las banderas” se muestran todas las banderas entregadas por los embajadores de los distintos países de americanos y Filipinas y unas cajitas con arena de esos mismos lugares.  También  el mapa de Juan de la Cosa,  el más antiguo del continente americano. No pude reprimir una sonrisa de emoción al descubrir la bandera de Uruguay, país al que considero mi segunda patria.

En el patio mudéjar del monasterio se celebran todas las grandes efemérides relacionadas con el descubrimiento y, en la “Sala de las Conferencias”, apodada el “Belén de América” el tiempo nos atrapa  transportándonos a las conversaciones entre el padre Marchena y Colón, momentos cruciales para la expedición. Este fraile franciscano aficionado a la astronomía,  comprendió la idea de Colón de que   navegando hacia el oeste se podría llegar a las indias y  junto a fray Juan Pérez, confesor de la reina Isabel La católica, amigo y confidente del descubridor,  fueron fundamentales,  pues ambos apoyaron con entusiasmo el proyecto.  .

Colón llego al monasterio en 1485 y en las estancias donde se alojó, actualmente podemos disfrutar del “Poema del Descubrimiento”, un mural de Daniel Vázquez Díaz, “Pintor de la Hispanidad”, que es una narración en imágenes bellísima y sorprendente.  Cinco paneles que reproducen el momento de la llegada de Colon a la Rábida, su relación con Fray Juan Pérez, la  expedición descubridora, la marinería de los pueblos de Palos de la Frontera y de Moguer, la partida del puerto de Palos y las tres Carabelas descubridoras. Llamativo el de La Partida donde, si nos fijamos en el ángulo derecho de la pared, descubrimos figuras como la del padre Marchena,  de Juan Pérez,  o de los Hermanos Pinzón.

También es de destacar, en el patio de flores, la conocida como “Galería de los protagonistas”, donde las obras de Juan Manuel Núñez Báñez nos muestran a los protagonistas, valga la redundancia, del descubrimiento, de una manera novedosa en cuanto a técnica y forma. Merece la pena contemplar los retratos con tranquilidad.

Dice la leyenda que fue Don Álvaro Sánchez de Huelva el primero en llegar a las costas americanas y que, a su regreso, moribundo pidió ayuda a Colón a cambio de la información sobre su descubrimiento. La tesis está apoyada en que Don Álvaro murió de sífilis,  enfermedad que por aquellos tiempos no existía en Europa.

Sea como fuere, Colón acudió a la Rábida y allí  los frailes  Juan Pérez y el padre Marchena le aconsejaron que visitara a Inés Enríquez, tía del Rey Fernando de Aragón, monja clarisa en el Monasterio de Santa Clara situado en el pueblo de MOGUER para que le ayudara ante los reyes. Moguer era una prospera villa marinera que aún conserva bellos vestigios de su pasado como el artesonado mudéjar y la sillería nazarí del Convento de Santa Clara, pero sobre todo es conocida por ser el lugar donde nació Juan Ramón Jiménez en 1881, premio nobel de literatura en 1956- Del amor del poeta por su pueblo baste hacer esta cita: “te llevare Moguer a todos los lugares y a todos los tiempos, serás por mí, pobre pueblo mío a despecho de los logreros, inmortal”.

Los reyes católicos estaban enfrascados en la conquista de Granada e hicieron.  esperar su respuesta, tiempo en el que Colon se alojó en el monasterio y, fue en el campamento militar de Santa Fe,  desde donde los reyes dirigían el asedio a Granada donde al fin,   se aprobó el proyecto,  por lo que el documento firmado el 17 de abril de 1492 es conocido como “Las Capitulaciones de Santa Fe” por las que se autorizaba la expedición y que otorgaban a Colón una serie de prebendas y títulos como los de Almirante “en todas las islas y tierras que por su mano se descubrieran o ganaran” , gobernador general y virrey concediéndole también la décima parte de todos los beneficios obtenidos y un diezmo de las mercancías que encontrara y hubiera en los lugares conquistados, designando como herederos a sus sucesores de forma vitalicia.

Llegó el momento de buscar la tripulación y, en PALOS DE LA FRONTERA, frente a la Iglesia de San Jorge Mártir, del siglo XV, se leyó la “Real Provisión” instando a la entrega de dos carabelas aprovisionadas a  Colón. Pero como  la Real Provisión no obligaba al embarque y ningún marinero quería ir con un “no marinero”  fue la intervención de Martín Alonso Pinzón, junto a sus hermanos Francisco , Vicente y los hermanos Niño , marineros de fama en la región, quienes lograron formar las tripulaciones con marineros procedentes, sobre todo, de Palos y Moguer.  La “puerta de los novios” de la Iglesia primorosamente realizada en ladrillos de dos tonos, es un  bellísimo ejemplo de estilo mudéjar y  fue  por la que salieron los marineros para embarcarse el 3 de agosto de 1492.

Zarparon tres naves “La pinta”, “La Niña” y “la gallega” rebautizada como “La Santa Maria” propiedad del cartógrafo Juan de la Cosa, que capitaneaba Colón;   menos  ágil pero con más capacidad. Las carabelas tenían un diseño redondeado que las hacía muy veloces y sus amplias bodegas permitían almacenar alimentos para las largas travesías. En el “Muelle de las Carabelas” una réplica de ellas realizadas con motivo del V Centenario del Descubrimiento y un audiovisual, traslada al espectador a 1492, enrolándolo virtualmente en el viaje haciéndole revivir las sensaciones experimentadas por  aquellos valientes marineros.

[caption id="attachment_2919" align="aligncenter" width="680"]Muelle de las Carabelas en la Rabida Muelle de las Carabelas en la Rabida[/caption]

En el “Muelle de la Reina” el monumento a “Ícaro” conmemora el primer vuelo entre España y América realizado por el hidroavión “Plus Ultra”.

Pero continuemos redescubriendo……El día 2 de agosto, día de Santa Maria de los Ángeles, la tripulación acudió al Monasterio  para despedirse de la virgen Santa Maria de la Rábida, partiendo  al día siguiente desde el Puerto de Palos de la Frontera. Allí,  en la fuente llamada “la Fontanilla” construida sobre un antiguo brocal de época romana,  se dice que se abastecieron las naves. Y, como todos  sabemos, el 12 octubre de 1492 el marinero Rodrigo de Triana, desde La Pinta, avisto tierra. Desembarcaron en la isla Guanahani, San Salvador, donde sus habitantes, los taínos,” hombres de buena voluntad” según el propio Colon escribió,  no estaban preparados para defenderse de las enfermedades que traían los europeos y muchos murieron. Lo que allí ocurrió es otra historia.

Al regresar de este primer viaje, tras sortear  una tempestad, “La Pinta “La Niña” arribaron al puerto de Palos, y Colón junto a sus marineros fueron a Moguer para cumplir con el voto hecho en alta mar, pasar la noche en oración en el monasterio de Santa Clara de Moguer. Esto se conoce como el VOTO COLOMBINO que se conmemora cada año. La Santa María,  había embarrancado en la isla Española y con sus restos se había construido el “Fuerte Navidad”, primer asentamiento español en el Nuevo Mundo.

Muere Colón en 1506 en Valladolid y su cuerpo allí enterrado se traslada primero a  Santo Domingo, la Habana y posteriormente a la Catedral de Sevilla  para descansar como  establece el Real Decreto de 12 enero de 1899 la regente Maria Cristina “con los honores fúnebres que la Ordenanza señala para el Capitán General del Ejército que muere en plaza con mando de jefe”. Su mausoleo, realizado por Arturo Mélida es de gran belleza con un  féretro portado por cuatro heraldos que representan los cuatro reinos españoles: Castilla, León, Aragón y Navarra.

Terminaré mi recorrido de la historia del descubrimiento con el “Monumento a la Fe descubridora” de 1929, obra de Miss Gertrude Vanderbit Whitney,  situado en la “Punta del Sebo” en la confluencia de los ríos Tinto y Odiel. Representa un fraile franciscano del Monasterio de la Rábida apoyado sobre una cruz en forma de “Tau”, símbolo franciscano, mirando hacia la zona de la ría y cubierto con un manto. En el pedestal, bajorrelieves que representan las culturas azteca, inca, maya y cristiana. El monumento es familiarmente conocido como “Monumento a Colón”.

En este “redescubrimiento del descubrimiento” junto con las historias de  las personas incomparables que lo hicieron posible, las bellísimas imágenes de sus monumentos, y los momentos inolvidables vividos, me queda un sinsabor al enterarme de que Huelva se arruinó con el descubrimiento,  porque contribuyo con dinero, con hombres, con provisiones pero no fue retribuida en la misma medida, no recibió nada del oro y la plata que vino de  las indias y, en cambio, tuvo que soportar una gran recesión y fue durante mucho tiempo una tierra olvidada. “Nadie es más generoso que el que se da a sí mismo” y la Provincia de Huelva fue un claro ejemplo de generosidad.

Por Maria del Mar García Aguiló

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